Videos Ivonne Sánchez Barea

Loading...

POESÍA DE IVONNE SANCHEZ BAREA por CARLOS SANTIBAÑEZ ANDONEGUI

CÓMO ES LA POESÍA DE IVONNE SÁNCHEZ BAREA?

de Carlos Santibáñez Andonegui, el El Lunes, 6 de agosto de 2012 a la(s) 2:38 ·

Antología poética de 2009 a 2012, Ediciones Eiseke, Granada, España, eiseke@yahoo.es, (Col. Poemas Hilvanados), estancias poéticas: Botón de pasamanos, 33 puntadas de letras, Lazo del Viento, Retales de mi Voz. Palpar “piel abierta” (Eiseke, 2010), Cosmos Cuántico, “campos Akásicos” (Eiseke, 2011).



Por: Carlos Santibáñez Andonegui



Nacida en Nueva York, posteriormente pasó a Colombia, Madrid y París, para establecerse en España. Trabajó para sedes diplomáticas, después se avecindó en Cájar, donde el Ayuntamiento en 2006 patrocinó su obra Un todo, (poesía libre, cuentos, cartas). Fue en 2011 cuando dio a conocer Cosmos Cuántico, “campos Akásicos”, (ediciones Eiseke, Granada, España). En sí toda poesía maneja cargas energéticas, es cuántica y es muchas cosas más que al momento de escribir, solemos transmitir sin apóstrofes, por creer que corresponde al lector, cuando no a las masas, todo lo demás. En este sentido, Ivonne toma sus riesgos al integrar en varios poemas la materia científica cuántica, con la poesía. El interés del texto es enorme para quienes viajan al centro de la tierra al calor de filósofos y matemáticos, y, si además son poetas, los textos de Ivonne serán parte de sus llamados libros de cabecera. Pero hay que decir, también que la lectura invita a adquirir conocimientos en la materia que no todos tienen, tal vez ya estén dentro de nosotros antes de nombrarlos, pero aquí sí valdría una explicación teórica de la disciplina cuántica y ponerla al alcance de todos, cosa que la autora ya ha hecho y le sería imperdonable dejar de hacerlo. El tema lo merece sobradamente. Por otra parte, un  riesgo de hacer poesía con determinada etiqueta, por ejemplo “poesía urbana”, “poesía tropical”, “poesía gay”, es que si en esa poesía surge algo no tan urbano, o tan tal o cuál cosa entonces ¿qué hacemos con ese extra? Y viceversa: ¿cómo justificar que sí existe una poesía correspondiente tan solo a tal o cual materia, y pueda ser universalmente válida sin guardar compromiso con todo lo demás?  Si yo dijera: Poesía Femenina, y de repente se me escapara algo de poesía masculina, ¿qué hago?, quiere decir que hay un riesgo en apostrofar la poesía. ¿Se podía ofrecer poesía predominantemente masculina por ejemplo, y así ya lo femenino que hubiera en ella no se vería tan mal, o viceversa? Pero por otra parte la anterior reflexión no basta a anular el sano propósito de quienes quieren hacer poesía sobre algo en particular y sobre todo, antologarla. Qué penoso sería no poder reunir poesía a propósito de ciudad Satélite en los alrededores de ciudad de México, para consumo de quienes viven por acá, tan solo, porque a un iluminado en una Privada le parece que la poesía está comprendida toda en todo y no admite apóstrofes.

Hablando de “Soy Mujer”, tal es el título de un extraordinario poema de la autora: “Siendo Mujer,/ resulta que…/ siempre estoy multiplicando,/ sumo a todo o me divido,/ la vida sola me resta,/ mujer soy…/ es mi destino”. Más que poesía exclusivamente femenina, creo que la poesía alcanzada en ese texto por Ivonne es universal. En cambio, una pequeña dificultad de asimilación en el volumen de Cosmos Cuántico, podría representarla el hecho de que nos pida un esfuerzo de comprensión de ciertos vocablos específicos del área científica en que reside como concepto, la energía cuántica. El punto no es que seamos flojos, que el lector sea flojo y el autor deba estarlo jalando, para que deje de serlo, aunque también hay algo de eso. El punto es: qué tanto puede permitirse la poesía, sin dejar de serlo, que el lector admita, y sienta como suya la obligación de ir más allá. Con Ivonne lo admitimos, gracias a que nos motiva desde el “más acá”, por ejemplo en el poema indudable intitulado “Somos Álgebra”. “Somos múltiplos de diez… Somos conjuntos albergados; mies,/ principio de equilibrios/ luz de razón, orilla de sargazo,/ potencial racional y práctico.” Logra hacer un poema de aparentes rarezas como el Número Avogadro. Importa su intuición de que las almas como partículas de Dios tienen que ver con la materia oscura y la noción de viajes entre galaxias. Hay principios cuánticos que Ivonne recrea con generosidad llena de asombro, con ese valor del que se sangraría si es preciso, por transmitir aquello que a los otros en tales principios compete, y lo desconocen, o cuando menos ignoran el nombre. Tal el principio de rotación inversa al que ella asocia válidamente con: “…nada es todo/ y todo es nada”. Nuestra existencia intenta asirse en principios como “el principio intrínseco/ de la palabra escrita/ los dibujados círculos,/ los caminos apelados”.



Lo que la espiritualidad, ha percibido en Ivonne es un diálogo entre expresión poética-artística y deseo de alumbrar las preguntas de la vida humana. Es aquí que se pone de manifiesto una vez más que el objetivo último de todo conocimiento es emplearlo de cualquier forma. Me alienta sobremanera que en un mundo que empieza a calentarse más de la cuenta, que ante un avance descomunal de la invasión del cáncer como proceso destructivo del cuerpo humano, que estamos viviendo ya en las familias, en los sectores sociales, en los países todos, una poeta traiga a cuento nociones cuánticas útiles y bellas que seguidas a fondo aumentan la confianza respecto a lo mucho que vale la pena haber venido a la vida y todo lo que podemos hacer con ella, siempre, y todavía (y hoy es “siempre todavía”) con lo que nos quede de vida, mientras sea habitable dentro de un mínimo ético recuperable en medio de la destrucción o el deterioro ocasionados por edad o por enfermedad terminal. Porque la energía cuántica, es Poder. Eso es algo que Ivonne sabe y comunica a través de su poesía. Doy un ¡bravo! a poetas como Ivonne Sánchez Barea, desde mi privadita cerca de Satélite donde he constatado cómo atrae a los públicos de dentro y fuera de un país, quien toma en serio su arte y llega a resultados.



Ivonne Sánchez Barea aporta un grano de arena al comento y difusión de la energía cuántica, el mérito es tan suyo que uno anhela que la gente fuera por él, es decir lo vaya a leer a la página, y no dárselo en propia boca, exactamente del modo que no se debe vender la trama completa en una novela.



Hay rasgos que la pintan de cuerpo entero, importante es recrearlos, para quien se interese en su literatura. Colgando un cuadro, sufrió una caída que templó su ánimo y ello le abrió la puerta al recuerdo de cuando ella empezó a caminar con zapatos de tacón prestados, entonces lleva a su lector de la mano por un dulce recuento de lo que para ella han sido los zapatos, y como lo hace con aquellos ojos que miran más allá, conquista la atención del lector y hábilmente lo jala a identificarse con ella. Uno ve este ejercicio con algo de la magia con que de chico siguió los pasos de Dorothy, la pequeñita del Mago de Oz que sin querer recibe la magia y el poder de unos zapatos, y al hacerse beneficiaria de ese poder, nos contagia su alegría. Por otra parte, le encantan las matemáticas. Recuerdo un verso de Perse que exalta “las claridades verdes de la matemática”, la cual, examinada sin presión y sin la angustia que perciben los muchachos que quieren pasar de año, es calmante incluso, prodigiosa, es todo lo contrario al rigor de los consejos recetados a México por el Fondo Monetario Internacional y, por lo mismo, la sensación que da al descubrir la matemática, es como la impresión  de leer poemas de Ivonne, tan diferente  por ejemplo de la ansiedad que sufren los alumnos al preparar su examen de admisión a la UNAM.



Así que, a querer o no, es nuestra Ivonne una poeta de números:  “Cero,/ círculo perfecto/ que encierra la nada inquieta”. En todo caso, nos ofrece  el cero, como crepúsculo viviente o agujero negro.// Cero,/ concepto del universo… Cero,/ marcando un punto perfecto,/ coma de decimal,/ lápiz perpendicular y quieto,/ o agujero negro”.





Como humanista que es, la poeta Ivonne de Cáxar,  comprende el lugar que tiene en el mundo la filosofía, seguramente ella no aconsejaría quitarla de los libros de texto y planes de estudio, para orientar la educación a los negocios, sino orientarla a la filosofía, hacer a ésta parte de la vida, vivirla. Si hemos de morir, moriremos no sin llevarnos algo de aquí que nos pertenece:  “nos pertenece/ el concluir de los sucesos”. Honraremos a Kant de esta manera: “Cruzar la vía que transita/ entre el tú y el yo/ para hacernos un entero: nosotros”.

Un reto de la lectura, es cuando un autor emplea algún vocablo no tan familiar a lo tradicionalmente entendido por poético, por ejemplo el vocablo “periostio”. Pero el fondo es el mismo, la mecánica cuántica asegura el éxito del viaje aunque no sepamos descifrar el boleto. Ventaja de la ciencia es su estar más allá de vanidades formales, y la poesía comparte algo con ella: la eficacia de una metáfora se da o no se da, es o no es, y nada tiene que ver con lo torpemente etiquetado como cursi o lo ávidamente catalogado de culto. La mecánica cuántica persigue verdades como de mariposa planeando el vuelo, y uno no necesita saber, por supuesto, que eso se llama mecánica cuántica. Lo que se necesita es sentir. Pienso en una poeta en apariencia sencilla, como Paloma Castro Leal. Cuánto me reveló del universo a mí, a través de un acierto sin pretensiones cuando en “Poemas de Pip”, llama a su bebé “dibujito celestial”.



Otro de los rasgos que caracterizan a Ivonne es que pinta. La poeta está siempre pintando y así llega, de fondo, a la religión. “Escribo…/ dibujando círculos,/ caminos truecos,/ atravesando el campo/ del pensamiento santo”. Lejos de ataduras, paradójico es: de qué manera la filosofía bien tomada, la religión bien asumida, permiten disfrutar el acto existencial cuando la gente cree que lo complican. En todo caso podemos desprender con Ivonne, que vivir es “Atajar el cruce/ o hacer el rodeo,/dejando pista/ de un paseo”.  Hay algo alentador, como de lucecita que asoma en la ventana al amanecer, en estos versos suyos: “Sumergieron los dedos,/ la masa tierna de la carne,/ alzando alto el ánima al aire,/ anidó la vida su hospedaje”. Hay un “instinto larvado/ que se hace palabra”. Asienta Raúl Renán en el prólogo de La Silente Palabra, Oda a los Poetas, que en los versos de esta poeta, “jugar es el mandato, disponer de las palabras como lo quiera el poema, como lo pida el verso”. Al leer a Ivonne me dijo una amiga poeta, Cristina Sánchez López de Antioquía, Medellín, en Colombia (que bien sabe lo que hay entre la vida y la muerte): “esta poesía canta en la frontera con otras formas de conocer los pulsos eléctricos que crean el universo del lenguaje en estados múltiples de comunión de energía y materia”.



Tiene que ver con lo erótico: “Se hizo lágrima tibia/ entre los senos, el llanto.” También, con el principio de la herencia:  “…principio abierto,/ palmarias ventanas,/ anidadas las semillas,/ luz, que en mí sembraron,/ ancestros”. En plenitud de percepciones, atiende sin exagerar al “Licor: “Copa,/ campana del ánimo,/ risa de templo adormecido,/ fiesta, amigos,/ despedida/ encuentro…”



Canta la creatividad del lenguaje, lo reconoce: “Sembrar aquí en solitario,/ con simples abecedarios”. Le da su lugar como producto humano u obra de arte total: “Desconocidos caracteres,/ llevando las creencias, /adiestrando quehaceres,/ artesanas palabras”.  Lo decanta en matices psicológicos: “Dejas colgando a la espalda/ observadas palabras…/ ¿Quién eres?” Y la pregunta se abre dentro de cada uno: ¿qué vemos? ¿qué construimos? Lo que son con Ivonne, aquellas “rectas paralelas, generatrices: las paredes”.



En “Dorado Silbo”, esboza una misión de la poesía: ser ese frenesí  que es clave entre palabras, y agita la terraza de palacio llena de historias y cuentos. Al dejar de existir en lo físico, hay “algo muy luminoso que se pierde”, (Gutiérrez Nájera) y la Voz de la Poeta registra así: “Se perdieron los vuelos,/ dejando el silbo dorado de su flauta,/ llenado el hueco”. Al andar los caminos que le impone la historia, el alma efectúa un trueque, encarcela su libertad bajo el dictado del número, existe en el plano del significante un dulce juego de palabras en el poema que empieza: “Perdón… amé”, invitamos al lector a que lo descubra y disfrute.

Ella pinta el lenguaje, lo impregna de “palabras violetas”. Trae lo pictórico sobre reflejos. ¿Lo pictórico? En el poema “Palabras de añil”, nos dice: “Vestir  en encaje,/ dibujando letras,/ grafismos deslizados/ sobre blanco pliego;/ sembradas palabras de añil.”

Expone en aforos internacionales como Art-Event (Lille-Francia), España, Planetario de Bogotá, Museo de Arte Moderno de Guatemala.

La naturaleza está presente en su imaginario, a través de ese “templo en la llanura” que es la ceiba. De animales como el cóndor, Al cóndor lo describe, más que un vuelo sobrehumano, un ser que “vuela sobre lo humano”. Profundiza en aquellos “marismas del ser”: “beber la sabia del saber tardío/ aprender del lastre que nos ancla”.

Y al fin cuánticamente se pregunta: “Tic-tac/ ¿qué hora es en el Universo?”

Tiene  “Poemas para Niños y menos niños”, otros títulos: La Silente Palabra, Reminiscencias Heredadas, Curso Labrado, Umbrales, Lo que las Flores confiesan… entre otros.

Publicada en más de veinte antologías, revistas literarias, científicas, miembro fundador de asociaciones culturales, como Poética en Gredos, Poetas de Pradosegar (Ávila) y Villafranca (Córdoba), participa con la Unión de Escritores Hispanoamericanos, con la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo Málaga. Embajadora de Mujeres Poetas Internacional y de Proyectos poéticos culturales vinculados a la UNESCO. Incluida en la Red Mundial de Escritores en Español y la Cátedra Miguel Delibes. El plan general de su poesía es reconocer y difundir el valor de estar vivo: “Sé que no hay mayor goce,/ que devorar la mirada,/ en un prisma sin adioses, ni llegadas”. Es como “Majar el dolor en mar profunda”…, su intento de fijar o definir el cuerpo como “invisible vapor que se eleva… elemento contraído en la nada del todo”. En este silencio envuelto, en galaxias abiertas en horizontes internos, “mora la desnuda estancia,/ del templo sagrado del cuerpo”. Tres señales de estar vivo son:  “Promesa, elección y Alianza.” Cualquiera de ellas significa que vives. En todo caso el “Dedo de Dios” se ve en la “mágica indicación: lugar y tiempo.” Si el ser humano tiene en su mano el destino, léalo o no, y en su dedo el camino, lo señale o no, nadie podrá librar a su sombra de la suprema lección que Ivonne le sabe aprender: la “ignorante soberbia”. Lo ignoramos todo y sin embargo nos creemos capaces de todo, y esto se registra gráficamente, en esa proyección real que nos persigue inconsciente: nuestra sombra. En Retales de mi Voz, traza un paralelismo entre la voz y la muñeca, en que compara  la voz humana con la amada aquella de Neruda en sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, pero acá la canción desesperada es a la voz, es de ella de quien puede afirmarse haber sido mordida hasta por ratas, a ella es a quien reza el nerudiano epígrafe: “Mi corazón la busca, y ella no está conmigo”,  “voz de pájaro y olvido,/ flor atrapada y seca,/ lágrima rota,/ historia muerta… infantil mano peregrina/ soplo entre las cestas, silencio de estrellas”.  Como dice Laura Gómez Recas en el prólogo a Palpar “piel abierta” (ediciones Eiseke, 2010), “su interés es activar el mecanismo que abre los ojos interiores capaces de percibir lo que nos deshumaniza”. A ese tenor desciende a los bajos fondos del ser humano, “boca muda y ojos ciegos”. Pinta al miserable como “Pequeño Ser”, en que “la usura se estaciona/ en la cuenta,/ aumentando fortuna/ cubierta de miseria”.  Pinta el “Tráfico Ilícito” como “arte de subir el valor del muerto/ para que el vivo no tome nombre, ni lugar, ni reconocimiento”. Pinta  “la muchedumbre solitaria que se trasmuta en este sitio diferente a lo que hemos deseado pero igual a lo que hemos construido”.  Entre todo esto acota Maya Lima en su poema a modo de epílogo: “una doncella del palacio negro/ aun internada agita su plumaje/ engullendo la sombra/ de un adolescente que corre/ por su vulva raquídea”. Quedémonos en fin con la pregunta lanzada en suave reto al final de un poemario de Ivonne: “Puentes,/ agujeros negros,/ multiversos infinitos,/ energía Plank,/ manto invisible…/ ¿Hay secretos?” Así es Ivonne Sánchez Barea, la poeta que cuánticamente corresponde al tic-tac y con cuya poesía nos ha querido decir “qué hora es en el Universo”.

Maestro Raúl Renán e Ivonne Sánchez Barea
Poetas Federico Diaz-Granados e Ivonne Sánchez Barea

No hay comentarios:

Publicar un comentario